Evidentemente, la figura del Papa siempre va a generar un grado de liderazgo carismático. La creencia de que esta persona es la conexión directa entre Dios y su Iglesia, de por si atrae a las personas, y fomenta la adhesión a su persona.
Pero también se debe reconocer el mérito de Juan Pablo II de generar un aura de bondad y misericordia entorno a su persona. Lo que lo transformó en una persona querida y admirada, facilitando así su labor como líder, al ser un modelo de su propia creencia.
Su capacidad de oratoria le permitió llegar al corazón de las personas, generando cambios personales en muchos de sus seguidores, y generando una visión común para la Iglesia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario